David Roberts, quien protegió a Whitney Houston en sus años de mayor éxito, publicó el libro “Protecting Whitney”, una mirada íntima sobre la vida privada y las luchas de la icónica cantante, marcada por la soledad y la falta de apoyo de quienes la rodeaban.
En “Protecting Whitney: The Memoir of Her Bodyguard”, David Roberts, exoficial británico y protector personal de Whitney Houston entre 1988 y 1995, abre las puertas a una etapa crucial y vulnerable de la cantante, genuinamente alejada de la imagen construida para los escenarios. Durante esos años, Roberts acompañó a la artista en momentos históricos de su carrera, siendo testigo no solo de su grandeza vocal, sino también de la tremenda presión, la soledad y las heridas invisibles detrás de su éxito mundial.
Roberts relata con honestidad que, aunque la relación con Whitney jamás fue romántica, existía una conexión humana y sincera. Él supo marcar el límite profesional, tratando de ser un apoyo cuando el brillo del espectáculo esconde situaciones de alto riesgo emocional. Entre anécdotas que oscilan entre la cotidianidad y la tensión —como acompañar a Whitney a parques de diversiones o escenarios plagados de fans—, Roberts describe una personalidad compleja: dulce y sofisticada, pero también reservada y propensa a la introversión, lo que la volvió vulnerable a amenazas externas ya su propio entorno cercano.
El libro también derriba muchos mitos establecidos por la famosa película “El Guardaespaldas”. Mientras en la ficción existía una historia de amor, Roberts aclara que para él estaba claro que cruzar esa línea podía tentar contra el objetivo principal: su seguridad. Aun así, no puede evitar confesar que sus sentimientos por ella lo llevaron a cuestionarse su propio rol y empatizar profundamente con sus batallas internas.
Roberts destapa detalles biográficos que trascienden la pantalla: los nombres ficticios que usaban para reservar hoteles, los códigos para moverse por grandes multitudes y el significado de gestos y pequeñas notas que compartieron. Incluso aún conserva una carta que Whitney le dejó en un hotel de Hong Kong, un recuerdo profundamente personal.
Uno de los aspectos más duros de su testimonio es el lamento de no haber podido ayudarla en sus caídas. Roberts destaca que el peor abuso que sufrió Whitney vino de la industria misma y de quienes, motivados por la avaricia, fallaron en protegerla cuando más lo necesitaba. Relata la preocupación por sus acosadores, las tensiones con personas de su entorno, y el profundo deterioro causado por el abandono emocional. “Ella necesitaba ayuda y no la recibió por codicia. A mí me contrataron para protegerla. Pero no pude protegerla de sí misma”, sentencia.
En definitiva, “Protecting Whitney” ofrece un retrato conmovedor y dolorosamente real de la diva, mostrando cómo incluso los ídolos más brillantes pueden enfrentarse a sus noches más oscuras, y recordándonos la importancia de la empatía y el verdadero cuidado en la cima del éxito.