Bad Bunny, quien recientemente agotó 12 fechas consecutivas en el Estadio Metropolitano de Madrid como parte de su próxima gira europea, confesó sentirse abrumado por la magnitud del logro: “A veces… pienso que me estoy metiendo en un lío”, admitió al ver la larga lista de conciertos confirmados.
Sin embargo, el cantante relativizó su realidad al compararse con quienes enfrentan esfuerzos físicos desde el amanecer. “No soy médico… no soy alguien que tenga que levantarse a las 5 a.m. para poner cemento en una calle”, dijo, enfatizando que, pese al peso mediático de su trabajo, él elige cantar, no realizar labores extenuantes.
En esa reflexión se percibe una humildad genuina: al reconocer que su labor es una pasión—no una rutina forzada—Bad Bunny entiende que no tiene motivos para quejarse. Calificó de “ridículo” lamentarse cuando su realidad es un privilegio comparado con otros escenarios de vida.
A pesar de la presión, el artista sostiene que el escenario es su refugio, su lugar favorito. “Me gusta actuar como si nadie supiera quién soy… El escenario es el lugar donde me siento más presente y feliz. Probablemente seguiré haciendo esto hasta que sea viejo”, explicó, reflejando una combinación de compromiso y amor por su oficio.
La entrevista en Variety ilustra un mensaje claro: el éxito trae consigo responsabilidades y desafíos, pero también una oportunidad para reflexionar sobre la propia posición. Al reconocer la suerte de transformarlo todo en arte, Bad Bunny ofrece una lección de humildad y gratitud a su audiencia.